INTRODUCCIÓN
Con la presente investigación no sólo se pretende analizar los problemas que una marcha, mitin o plantón pueden ocasionar en el Distrito Federal, sino buscar una posible solución que, basada en una ley factible, otorgue seguridad jurídica a los usuarios de los espacios públicos que se ven afectados por éstas movilizaciones multitudinarias y que a su vez garantice la libertad de expresión en las calles.
Las marchas, mítines y plantones en el Distrito Federal son un fenómeno que, pese a no ser nuevo, tienen actualidad y se están convirtiendo en una constante en la vida de los habitantes de la Ciudad de México.
Sin embargo, esta “cotidianeidad” a la que un capitalino está sometido día tras día, lejos de minimizarse por la costumbre se convierte en un problema cada vez mayor. Las marchas, mítines y plantones no sólo aumentan en el número de personas que asisten a éstas, sino también en duración, frecuencia de realización y sobre todo, en espacios públicos afectados.
La presente investigación es de tipo interdisciplinario y la haremos desde tres enfoques diferentes:
1.- Impacto social: ¿por qué las marchas y plantones han sido el móvil social de expresión de ideas populares a través del tiempo? y ¿cómo influyen estas movilizaciones masivas en el entorno social del Distrito Federal? Además, ¿a quiénes se debe señalar como responsables por los posibles daños o perjuicios que se ocasionen por una marcha o manifestación?
2.- Impacto económico: ¿cómo afecta una marcha, mitin o plantón económicamente, tanto en los comerciantes cuya área de trabajo se ve afectada así como en los usuarios de los servicios que se ven perturbados?
3.- Impacto político: ¿de qué manera una movilización social de esta índole ejerce presión sobre las esferas políticas? y ¿qué es lo que se pretende (objetivo) por parte del grupo que organiza un plantón, mitin o marcha?
Lo anterior con la intención de comprender por qué cada día son mayores las marchas, mítines y manifestaciones en las calles a fin de intentar una tarea que parece imposible, pero que ya se logró en otras partes del mundo: crear una regulación que proteja tanto el derecho de manifestación como el derecho al libre tránsito (ambos consagrados en nuestra Carta Magna), sin entrar en contravención a lo establecido en el Artículo 17 constitucional: que nadie haga justicia por su propia mano.
Para lograr esto primeramente debemos entender qué factores, tanto internos como externos, impulsan a un grupo de individuos a organizarse para lanzarse a las calles y llevar a cabo una manifestación, ¿qué es lo que pretende ese grupo?
Debemos señalar que, en nuestro días, estas manifestaciones se dan para presionar a los grupos que ostentan el poder a fin de lograr que éstos enfoquen su atención en las peticiones de los grupos que se lanzan a las calles en una moderna lucha social, misma que encuentra simpatía entre los ciudadanos que vivimos en una “moderna democracia” que evidentemente se encuentra en decadencia.
Es precisamente por esa decadencia que presenta nuestra actual “democracia” que los ciudadanos de un lugar determinado encuentran en las manifestaciones en las calles la única manera lograr que sus “representantes” en el poder los tomen en cuenta. En otras palabras, dado el olvido a las necesidades de determinados grupos sociales por parte de aquellos que ostentan el poder, estos grupos -que corren el riesgo de quedar en el olvido ante la mirada de nuestra historia- deciden lanzarse y alzar su voz en las calles y, entre pancartas y consignas con cierto grado de organización (unos más, otros menos), pretenden alcanzar un objetivo en aras del bienestar multitudinario. Estos fenómenos sociales pueden ser de dos tipos:
1. Aquellos que se realizan con la intención de apoyar un ideal y demostrar su simpatía con éste.
2. Aquellos que se realizan con la intención de expresar su rechazo frente a determinados eventos.
Pese a que los objetivos en las mismas van variando de uno a otro, éstos son generados por el malestar social y adquieren una importancia trascendental al percatarnos de que los mismos son parte de la historia del hombre. No obstante lo anterior, no debemos olvidar que, desde las revoluciones burguesas, este tipo de fenómeno se encuentra íntimamente ligado con la lucha de clases. En ese orden de ideas, un antes y un después sobre este tema lo marca la teoría de Karl Marx, quien esgrimió que “La lucha del hombre, es la lucha de clases”.
Las luchas sociales dan cuenta de las transformaciones sociales del período en el que se dan los movimientos de esta índole. En nuestros días, miles de ciudadanos se lanzan a las calles con la intención de conseguir un objetivo y con el afán de lograr una mejora directa en su situación. Así, al crecer cada día el número de personas indignadas ante tal o cual hecho, las manifestaciones que son objeto del presente estudio aumentan y por ende, su trascendencia incrementa y afecta, para bien o para mal, a aquellas personas que viven en la Ciudad de México.
En vista de lo anterior resulta un tanto paradójico que el ejercicio de la libertad de manifestación de ideas en el Distrito Federal a su vez limite otras libertades e incluso contravenga, en ocasiones, el principio de que nadie puede hacer justicia por su propia mano.
Pero en la actualidad, especialmente en nuestro país, una revolución armada parece que lejos de acarrear un beneficio común traería aún más desorden al entorno social. Por ello, las manifestaciones “pacíficas” en las calles son atractivas a la vista de las clases bajas que no tienen las condiciones económicas ni el apoyo necesario -tanto social como económico- de levantarse en armas. Al ver sus limitaciones, estos grupos de personas encuentran en las marchas y plantones un arma que sirve para lograr que los ojos de toda la sociedad se posen en ellos y escuchen sus demandas.
Una manifestación en las calles aparecería como consecuencia de la falta de herramientas jurídicas y la poca apertura de los medios de comunicación hacia las clases bajas, especialmente si consideramos que los medios masivos de difusión de noticias hoy en día satanizan a las manifestaciones que se realizan en las calles. Las manifestaciones de este tipo no son espontáneas, sino que se presentan como una reacción frente a un estímulo determinado y no como un mero desorden social de unos cuantos agitadores que sólo buscan perjudicar a los demás ciudadanos. Es por ello que desde finales de los años setenta y principios de los ochenta se ha incrementado el número de estudios que se enfocan en estos fenómenos sociales.
Las marchas, plantones y mítines se expresan en las calles no con la finalidad propiciar daños a la propiedad ajena, sino porque la calle representa el espacio cultural de construcción democrática. Por ende, debemos tener un especial cuidado al pretender una regulación jurídica de las manifestaciones en las calles en virtud de que solamente en las dictaduras se impide la libertad de expresión en espacios públicos.
En esta perspectiva de análisis, la calle toma una tilde especial dada la diversidad de eventos que en ella se pueden suscitar y a la libertad que en nuestra ciudad se ofrece para ello; por esto, la actividad en las calles refleja realidades actuales, por ejemplo, es en la calle donde se muestra el poder de convocatoria de un partido político, donde la diversidad ideológica, étnica y social encuentra formas de expresión o en donde una organización muestran su capacidad de movilización en torno a objetivos comunes.
Las calles de nuestra ciudad resultan ser un espacio social y cultural donde se construye ciudadanía democrática, representando para los mexicanos una vivencia edificadora de integración y fortalecimiento de las relaciones comunitarias.
Negar la importancia de la calle como espacio social de construcción de ciudadanía sería negar lo construido por los héroes de nuestro país, después de todo el que no conoce su historia, está condenado a repetir los mismos errores.
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